Introducción a la bolsa

Las acciones de las empresas que lo desean y que reúnen los requisitos establecidos por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), pueden cotizar en la Bolsa o mercado de valores, que es un mercado en el que se ponen en contacto los demandantes de capital (principalmente las empresas) y los oferentes o excedentarios de recursos financieros (familias, empresas y otras instituciones), constituyendo una forma de conseguir financiación a largo plazo para las empresas, además de favorecer el crecimiento económico.

A este punto de encuentro se le considera mercado secundario, oficial y reglamentado, es decir, un lugar o institución donde se negocian activos financieros que ya han sido emitidos con anterioridad. En España hay cuatro Bolsas de Valores: Barcelona, Bilbao, Madrid —la más antigua, creada en 1831— y Valencia. En ellas se negocian, básicamente, obligaciones, derechos de suscripción, warrants, y, sobre todo, las acciones.

Las acciones son el principal activo financiero que se negocia en este mercado y este proceso de negociación conduce a la fijación de un precio público o de cotización que puede variar en cada momento. Estas acciones son emitidas por empresas con forma jurídica de sociedad anónima (que hasta ahora son las únicas empresas mercantiles que pueden acudir a los mercados de capitales organizados en busca de financiación y colocar sus títulos para su negociación).
La Bolsa de valores se identifica como un mercado de renta variable, ya que los rendimientos de los activos que se negocian, que se concretan en dividendos, derechos de suscripción, o en ganancias de capital (plusvalías o, en su caso, minusvalías), dependen tanto de la situación económica general como de la situación particular de cada empresa.

Todo inversor que posee un capital y está dispuesto a adquirir acciones de alguna sociedad anónima que ya están ofertadas públicamente, puede acudir a la Bolsa para comprarlas a los propietarios que deseen venderlas. Esta institución cumple así una función de transferencia de exceso de liquidez desde unos sujetos económicos hasta otros, precisamente su principal justificación y razón de existencia.

La Bolsa es un lugar donde ganar dinero de forma fácil y abundante, sobre todo en los ciclos alcistas de la bolsa, también es una gran alternativa para el ahorro de particulares e instituciones. Una característica conseguida gracias, en buena medida, a que permite, dentro de los diferentes tipos de mercados oficiales, obtener la mayor rentabilidad aunque, eso sí, asumiendo riesgo.
Si los inversores no dispusieran de un mecanismo como la Bolsa que les permitiese vender con facilidad los valores financieros que poseen cuando necesitasen dinero o liquidez para otros fines, difícilmente estarían dispuestos a adquirir previamente tales valores. De igual modo, si no estuviesen motivados a colocar su dinero a disposición de las empresas, la mayor parte de los grandes proyectos económicos no sería posible. Hoy en día, hay en todo el mundo millones de pequeños y grandes inversores/ahorradores que tienen colocada una parte de sus excedentes en los mercados bursátiles. Esta popularidad de las acciones tiene sin duda efectos muy positivos sobre el tráfico de los activos financieros, proporcionando liquidez a los mismos y reduciendo sus costes de transacción, aún cuando éstas no sean precisamente las razones por las cuales los inversores acuden a la bolsa. El inversor medio, en efecto, no tiene motivaciones profundas y desea simplemente obtener el mayor beneficio asumiendo el mínimo riesgo posible, pero —y ésta es la esencia del funcionamiento de los mercados— todo este conjunto de oferentes y demandantes de fondos que se ponen en contacto en la Bolsa buscando su propio y particular interés, conforma un mecanismo extraordinariamente útil y eficiente para el buen funcionamiento de la economía en general.

El Mercado de Valores español ha vivido en los últimos años un firme proceso de crecimiento, gracias a los sistemas técnicos, operativos y de organización en los que se apoya hoy el mercado, que han permitido que se hayan canalizado importantes volúmenes de inversión y se ha dotado a los mercados de una mayor transparencia, liquidez y eficacia.

Debido a estos factores, y como respuesta de los mercados españoles al nuevo entorno financiero internacional donde los inversores, intermediarios y empresas demandan una creciente gama de servicios y productos con una mayor seguridad, transparencia, flexibilidad y competitividad, en 2002 se creó la sociedad Bolsas y Mercados Españoles (BME), que veremos en detalle más adelante, y que agrupa las cuatro bolsas españolas y los demás mercados de valores y sistemas financieros en España.
Para destacar la importancia de la Bolsa Española cabe indicar que en 2006 la contratación y la capitalización de la Bolsa española superaron por primera vez el billón de euros, situándose en 2007 en 1,67 y 1,39 billones de euros respectivamente. Estas cifras suponen un 44,8% y un 22,1% de crecimiento sobre el año anterior. Este crecimiento de la contratación electrónica en la Bolsa española en estos últimos cinco años alcistas supera a los principales mercados mundiales: Reino Unido, Alemania, Italia, Japón o Estados Unidos. En todo caso, a pesar de su importancia como indicador económico es necesario precisar, —al menos en el caso español—, que no es representativa de la estructura empresarial, pues sólo un pequeño número de empresas cotizan en Bolsa y la mayoría son grandes empresas. A este respecto, cabe recordar que cerca del 96% de las empresas españolas se engloban en el concepto de Pymes (de las cuales la mayoría son microempresas, es decir, empresas con menos de 10 trabajadores) que generan, aproximadamente, el 67% del empleo y en torno al 69% del Producto Interior Bruto (PIB). Estas empresas, en su inmensa mayoría, no acceden al mercado bursátil.

Las Bolsas de valores «se mueven» por expectativas y constituyen una especie de barómetro de la economía, es decir, que el comportamiento bursátil se adelanta o anticipa a los acontecimientos económicos teniendo en cuenta («descontando» —en el argot bursátil—) esas expectativas sobre la situación futura.

En 2007, en las bolsas españolas 3.537 empresas estaban admitidas a cotización. De estas empresas 166 cotizaban en el mercado continuo, 34 en el mercado Latibex, 3.288 Sicavs en el nuevo Mercado Alternativo Bursátil (MAB), que veremos más adelante, 7 corresponden a Sicavs y Sims que cotizan en corros y 42 a otras compañías que también cotizan en corros.

En 2005 se actualizó la clasificación sectorial aplicable a los valores bursátiles que cotizan en el mercado continuo tras el acuerdo alcanzado por las Sociedades Rectoras de las Bolsas de Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia junto con Sociedad de Bolsas. Esta nueva clasificación queda estructurada en 6 sectores y 29 subsectores, que desglosan, hasta donde es posible, la clasificación de actividades de las empresas cotizadas, permitiendo la inclusión de nuevos subsectores a medida que sea necesario, sin modificar la composición de los seis sectores básicos. Los sectores de mayor peso dentro del Índice General de la Bolsa de Madrid (IGBM), que es sin duda la bolsa con mayor representatividad dentro de las Bolsas Españolas, son los Servicios Financieros y Petróleo y Energía.